Castellano Català "El futuro pertenece a aquellos que creen en la belleza de sus sueños"



"Cada tiempo de dudas
necesita un paisaje"
"Queridos familiares y amigos:
Les deseo que este año que empieza sea feliz para todos, que los sueños se cumplan.
Espero que todo vaya bien. Que ciertos ruidos se atenúen, esos que apenas dejan espacio para la calma, para detenerse y reparar en los detalles, para soñar mundos mejores. Hablo de ese estruendoso murmullo sin sentido que trata de contagiarnos el rencor y la crispación, el de los terribles inquisidores, los conversos, los patriotas envueltos en sus banderas, el de los guerreros que anuncian la paz de los cementerios… Y más importante aún, el ruido de las explosiones, aquellas que golpean mi ciudad, aquellas que alumbran a lo lejos ciudades que sollozan en el remoto Este, aquellas que finalmente alumbran la estupidez y la sinrazón del ser humano.
Si el ruido se calla oiremos la lluvia caer, limpiando la ciudad de espectros, te oiremos hablar en sueños, abriremos de par en par las ventanas. Quizás entonces podremos hablar, soplar sobre las heridas, descubrir que aun queda esperanza."
ISMAEL SERRANO

Mucho antes de que el hombre habitara la tierra, habitaban en ella virtudes y pasiones.
A pesar de las grandes diferencias que existían
entre unas y otras, siempre vivieron en armonía y, un día en el que todas andaban aburridas, a la Imaginación (que ya sabes como es) se le ocurrió una idea:
- ¿Por qué no jugamos al escondite?
Todos se miraron sorprendidos...
- ¿Y quién se queda para contar? -preguntó la Duda.
- ¡Yo! ¡Yo!... -gritó la Locura, y empezó a contar... Pero del 5 pasaba al 80, de ahí al 27, al 48, al 72 y así siguió hasta que finalmente llegó al 100. Entonces grito: "¡Quién no se ha escondido tiempo ha
tenido!"
Y se habían escondido todos menos uno: el Amor. Corrió y corrió de un lado a otro sin saber donde esconderse... Pero el Amor, tan indeciso como siempre, no sabía qué hacer, hasta que al final se escondió tras unos matorrales.
La Locura comenzó a buscarlos y los fue encontrando a todos: a la Pereza, que estaba tirada a sus pies y ni siquiera se había molestado en esconderse; a la Imaginación que como siempre, estaba en las nubes; a la Inocencia, escondida detrás de sus propias manos; al Rencor, que se enfadó cuando le encontraron; a la Esperanza que, ilusa, creía que nadie podría encontrarla jamás; a la Generosidad, a la Avaricia, a la Envidia...
Entonces ya sólo faltaba el Amor, pero por más que la Locura buscaba y buscaba no conseguía encontrarlo. Y pasaron días, y todos ayudaron a buscarle... Pero por más que gritaron que saliera ya, que el juego había terminado, el Amor no salió a su encuentro: y es que ya sabes que el Amor no acude cuando le llamas, sino cuando él quiere.
Entonces la Envidia, tan envidiosa como siempre, se acercó a la Locura y le susurró al oído:
- El Amor está escondido entre los matorrales
Y allá se fue la Locura en busca del Amor... Pero por más que miraba y miraba no veía nada. Entonces metió la mano pero se pinchó con una zarza: y es que ya sabes que a veces hacer que el amor salga duele.
La Locura, ya enfadada y cansada, cogió una trilla y comenzó a pinchar, pero no encontraba nada... Hasta que oyó un grito: "¡Ay! ¡Ay!" Y salió el Amor con los ojos ensangrentados.
Todos lloraron desolados y se preguntaban qué sería ahora de ellos. La Locura había dejado ciego al Amor y ésta, al ver lo que había hecho, le pidió mil y mil perdones y dijo:
- No os preocupéis: a partir de hoy yo seré sus ojos.
Desde entonces ha llovido mucho, pero todavía hoy el Amor es ciego y la Locura son sus ojos."
El sabio se mantiene alejado de la rivalidad,
de la codicia y de la confusión
producida por los deseos.
El sabio es feliz al vivir,
es bondadoso y armoniza con todos,
es sincero al hablar, equilibrado
y recto en el trabajo y en la vida.
Cuando acaba su obra, se retira oportunamente,
su respiración es fresca como la de un niño,
y busca siempre beneficiar a los hombres.
El sabio es difícil de comprender,
es cauteloso como quien atraviesa
un río en invierno,
prudente como quien tiene enemigos,
reservado como el huésped de una casa,
sencillo como la madera, tranquilo como un valle
y profundo como las aguas de un lago.
El sabio posee poco
porque se ha olvidado de las cosas,
su presencia es modelo para todos los hombres.
No se muestra, por eso resplandece,
no se vanagloria, por eso sobresale,
no se exalta, por eso merece elogio,
es humilde y se mantiene íntegro.
Permanece independiente,
aunque viva rodeado de gloria y esplendor
nunca pierde la paz.
El sabio no es impetuoso,
y nunca pierde el dominio de sí mismo.
El sabio no ofende a nadie,
y nunca halla motivo para rechazar a nadie.
El sabio es aquel que se conoce a sí mismo,
que quiere conquistarse a sí mismo,
más que conquistar a otros.
El sabio, contemplado,
no parece digno de ser mirado,
oyéndolo, no parece digno de ser escuchado,
sin embargo, contiene en sí todas las virtudes.
El sabio parece que no hace nada y,
sin embargo, nada queda sin realizar.
El sabio hace del corazón de los demás
el suyo propio.
Con el bueno obra de forma buena,
con el mato obra de buena forma.
El sabio se parece a un niño,
nada ni nadie le daña.
El sabio se da cuenta de las cosas
que para los demás pasan inadvertidas,
y estima por igual las grandes y las pequeñas.
El sabio no combate, mas siempre vence,
y no teme a la muerte.
El sabio es, en fin, quien está en armonía
con la naturaleza.
TAGORE
No te quedes inmóvil al borde del camino
no congeles el júbilo
no quieras con desgana
no te salves ahora
ni nunca.
.
No te salves
no te llenes de calma
no reserves del mundo
sólo un rincón tranquilo
no dejes caer lo párpados
pesados como juicios
no te quedes sin labios
no te duermas sin sueño
no te pienses sin sangre
no te juzgues sin tiempo.
.
Pero si
pese a todo
no puedes evitarlo
y congelas el jubilo
y quieres con desgana
y te salvas ahora
y te llenas de calma
y reservas del mundo
sólo un rincón tranquilo
y dejas caer los párpados
pesados como juicios
y te secas sin labios
y te duermes sin sueño
y te piensas sin sangre
y te juzgas sin tiempo
y te quedas inmóvil
al borde del camino
y te salvas
entonces
no te quedes conmigo.
¿ Qué es lo verdaderamente importante?,
busco en mi interior la respuesta,
y me es tan difícil de encontrar.
Falsas ideas invaden mi mente,
acostumbrada a enmascarar lo que no entiende,
aturdida en un mundo de falsas ilusiones,
donde la vanidad, el miedo, la riqueza,
la violencia, el odio, la indiferencia,
se convierten en adorados héroes.
Me preguntas cómo se puede ser feliz,
cómo entre tanta mentira puede uno convivir,
es cada uno quien se tiene que responder,
aunque para mí, aquí, ahora y para siempre:
queda prohibido llorar sin aprender,
levantarme un día sin saber qué hacer,
tener miedo a mis recuerdos,
sentirme sólo alguna vez.
Queda prohibido no sonreír a los problemas,
no luchar por lo que quiero,
abandonarlo todo por tener miedo,
no convertir en realidad mis sueños.
Queda prohibido no demostrarte mi amor,
hacer que pagues mis dudas y mi mal humor,
inventarme cosas que nunca ocurrieron,
recordarte sólo cuando no te tengo.
Queda prohibido dejar a mis amigos,
no intentar comprender lo que vivimos,
llamarles sólo cuando les necesito,
no ver que también nosotros somos distintos.
Queda prohibido no ser yo ante la gente,
fingir ante las personas que no me importan,
hacerme el gracioso con tal de que me recuerden,
olvidar a toda la gente que me quiere.
Queda prohibido no hacer las cosas por mí mismo,
no creer en mi dios y hacer mi destino,
tener miedo a la vida y a sus castigos,
no vivir cada día como si fuera un último suspiro.
Queda prohibido echarte de menos sin alegrarme,
olvidar los momentos que me hicieron quererte,
todo porque nuestros caminos han dejado de abrazarse,
olvidar nuestro pasado y pagarlo con nuestro presente.
Queda prohibido no intentar comprender a las personas,
pensar que sus vidas valen más que la mía,
no saber que cada uno tiene su camino y su dicha,
pensar que con su falta el mundo se termina.
Queda prohibido no crear mi historia,
dejar de dar las gracias a mi familia por mi vida,
no tener un momento para la gente que me necesita,
no comprender que lo que la vida nos da, también nos lo quita.
Alfredo Cuervo Barrero